De ‘barras bravas’ y otros cuentos

Una barra brava, en términos generales y extraídos de cualquier website, es un grupo organizado de fanáticos dentro de una hinchada de fútbol, encargado de alentar a los jugadores de un club en específico (del que el grupo es simpatizante) en los estadios durante los partidos, y también de amedrentar a los jugadores y aficionados rivales, todo ello mediante el despliegue de banderas, la entonación de cánticos y, ocasionalmente, el ataque a los simpatizantes de los clubes rivales, además de defenderse y defender al resto de la propia afición de posibles ataques de hinchadas rivales o de la represión policial. ¿Se les hace familiar?

Hablémoslo en cuento. Érase una vez 16 letrados, elegidos por la voluntad del pueblo, todos ellos de diferentes colores que reflejaban la diversidad del reino. En el trono el Rey que juró ser el caudillo del pueblo, indomable por la riqueza o las ansias de poder, los reúne un día poniendo a una gran mayoría de su parte para que sean un comité de aplausos y venias, aún en las peores situaciones, olvidando defender al pueblo, esa premisa por la que les pusieron una silla en la mesa redonda.

Ellos, anonadados por el encantador discurso del Rey, el mismo que es debatido por los pregoneros, alzan sus banderas a un solo tono para ovacionar a su héroe, atacar a los rivales y en algunos casos eliminar sus sentidos para evitar sentirse culpables de lo que lastima al pueblo.

La barra brava, ha crecido, el rival se ha hecho débil, queda poco que ver desde las gradas. De un bonito espectáculo que podría tener atractivas jugadas de defensa y ataque, basadas en buenas ideas, en argumentos serios, en proyectos que beneficien al pueblo, ha pasado a un juego de niños- no, mejor de niños no-, quizás insultamos la inteligencia de los inocentes.

¿De animales tal vez? No, hasta en la selva son más racionales. ¿De qué? De nada, no hay juego,  solo ovaciones y silencios convenientes, miradas frágiles, pensamientos sin fundamentos, ideales sin principios.

Ahora, lo más lamentable en la barra es que se ha cansado de aplaudir, ya la barra entendió que el juego suena mejor desde la cancha, por eso la barra se desmantela, todos anuncian que quieren el trono, que no terminarán su tarea, que poco les importa el pueblo que votó por ellos, que ya llenaron su canasta y que quieren ir por más.

Ni caudillo, ni barra, ni letrados. Pobre reino cada vez más indefenso, más ignorante, más mendigo. Pobre pueblo que sigue yendo a las urnas con esperanza para quedar en nada. Pobre pueblo que no tiene rumbo porque las barras bravas callaron las ideas y los pensamientos. Pobre pueblo, ¿a dónde irá a parar?.

El reino ha cesado sus lamentos, gime en silencio mientras la desesperanza se apodera de sus ganas de crecer. El reino está estancado en el tiempo esperando un nuevo Rey. Quizás ya no un caudillo, tampoco un viejo sabio, de esos que también lo han debilitado, quizás ahora busquen a uno que no controle las barras. Un Rey que trabaje con ellos y que no se quede en solo cuentos.

Por: Gina Rojas Hoyos

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