Boyacá, un paraíso frágil

Esta semana en Boyacá vivimos de cerca la amenaza de una posible explotación de fracking, y sentimos en carne propia el miedo de que esta nociva práctica llegue a nuestro territorio.

Es loable que el gobernador de Boyacá se haya manifestado firmemente en contra de estas acciones, ya que al abrirle la puerta a la extracción con métodos no convencionales, los boyacenses tenemos mucho que perder y poco que ganar.

No se trata solamente de los ya conocidos efectos de la minería tradicional, el fracking es tal vez uno de los más perversos métodos para la extracción de hidrocarburos, dejando a su paso contaminación de acuíferos subterráneos y superficiales, daño a las capas externas de la tierra, altos índices de utilización de agua, gases expulsados a la atmósfera, entre otros. Para poder ver la realidad sobre el fracking, basta con remitirnos a los ejemplos internacionales en donde ya se ha prohibido, luego de ver las nefastas huellas que ha dejado.

Países como Francia, Bulgaria, Alemania, Reino Unido, República Sudafricana, República Checa, España, Suiza, Austria, Irlanda del Norte, Italia e Irlanda le han dicho no al fracking. Este espejo nos permite ver que países con economías desarrolladas le están apostando a las energías limpias que no solo son amigables con el medio ambiente sino también con la salud de los seres humanos.

Boyacá aún es un paraíso en medio de un mundo globalizado, cuenta con una riqueza natural e hídrica envidiable, una riqueza grande pero frágil. Es momento de abrir los ojos y comprometernos como ciudadanos del mundo con la protección de nuestro hogar, el planeta.

Por Marbet Moreno

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