La trampa del fanatismo

Tal vez el más triste destino de un pueblo es vivir engañado o cegado por su propio fanatismo. La testarudez muchas veces nos lleva a creer que nuestro criterio es el correcto y que siempre tenemos razón, cerrando el juicio a nuevas ideas y a la realidad misma.

Dicho panorama es justamente el que vivimos en Colombia y cada vez con más fuerza, ya que la polarización se convirtió en el veneno que producimos y consumimos a diario.

El fanatismo apela a las emociones y no a la lógica, lo que nos lleva a pensar de forma primitiva dado que este sector está más desarrollado en el cerebro.

La marcada división política del país en ambos extremos ha utilizado este mecanismo recalcando los estereotipos y prejuicios con los que unos y otros se identifican, dejando en medio a la población que en su mayoría, ya no puede distinguir la verdad fuera de su concepto prefabricado.

Cuando repetimos una y otra vez un mismo discurso terminamos por creerlo, así nos muestren pruebas de que nos equivocamos, o que se trata de una verdad a medias.

El peligro del fanatismo es que termina volviéndose parte de nosotros, como una impronta mental que no podemos quitarnos, minando la empatía y el juicio crítico sobre la realidad.

Así es que vemos a tercos seguidores de la derecha y a testarudos simpatizantes de la izquierda, ambos igualmente cegados por sus convicciones o simplemente por lo que ven en los medios, también diseñados para distraer y confundir.

En un país tropical y apasionado como el nuestro la semilla del fanatismo es sumamente peligrosa puesto que abre la puerta a la violencia y al conflicto social, como lo hemos evidenciado en los últimos meses.

En el punto que atraviesa Colombia, es necesario hacer un esfuerzo por desligarnos del fanatismo para poder entender lo que ocurre y buscar soluciones a los problemas que afrontamos como sociedad.

A estas alturas ya no se trata de Duque o Petro, se trata de entender que nuestras acciones como ciudadanos tienen consecuencias y lo que callamos o permitimos puede ser un castigo para las próximas generaciones. Ya caímos en la trampa del fanatismo, ahora debemos salir de ella.

 

Por Marbet Moreno

1 pensamiento sobre “La trampa del fanatismo

  1. Totalmente de acuerdo. Todo esto va de la mano con la educación. Por eso para quienes están en el gobierno, la educación no es una prioridad, pues así bruticos somos más fáciles de dominar.

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