ADMINISTRACIÓN PÚBLICA Y PERIODISMO: JUNTOS PERO DIFERENTES

Uno de los matrimonios más perversos es el de la administración pública y periodismo, cuando el segundo pierde su identidad y su independencia. En una reciente entrevista al periódico el espectador la Directora del noticiero “Noticias Uno”,  Cecilia Orozco, afirmó “Estamos frente al poder, no a su lado, observándolo para contar sus verdades”. Dicha frase expresa la oposición a los contubernios que terminan con medios de comunicación legitimando los abusos del poder, en cualquiera de sus manifestaciones. Más que neutralidad u objetividad el camino es la veracidad, que evite, como lo dice la corte constitucional “prefigurar un consenso falso en la comunidad” (T-312-15). Aquí hay muchos caminos e interpretaciones, por ello me detengo en la administración pública y su dinámica en la relación.

 

El afán por Visibilizar la gestión de la administración pública conlleva el riesgo de convertir el periodismo en un instrumento de publicidad y promoción de servidores públicos, contrario a su importante misión de aportar al derecho de los ciudadanos a la información pública y a la tarea de consolidar una gestión pública transparente. Mitigar dicho riesgo implica una apuesta por un ejercicio ético,  crítico y equilibrado de los comunicadores sociales frente al accionar del Estado donde la pauta publicitaria de las entidades públicas, fuente de financiación de los medios de comunicación, no implique direccionar la noticia y menos la coexistencia de chantajes.  

 

En el entramado comunicación, gobierno y ciudadanía se impone, en ocasiones,  la lógica de una administración pública que busca legitimarse en los medios de comunicación y no en la satisfacción de las necesidades de la gente, que es su esencia.  Por ello es necesario clamar por una prensa libre, crítica, independiente y ajena al manoseo de las administraciones públicas.  Sin duda existen y existirán conflictos entre el poder político y los medios de comunicación; algunos van más allá y los ven como saludables para la democracia, lo peligroso es cuando gobiernos de distinto orden macartizan y declaran enemigos públicos a la prensa.

 

No ha sido, ni será fácil el propósito, pues desde los centros del poder político, en ocasiones, se persigue, censura, excluye y marginan periodistas por el simple hecho de no ser pregoneros de la injusticia o el abuso del poder. Mucho más peligrosa resulta la labor del periodista cuando las administraciones públicas son permeadas y expresan intereses de grupos ilegales.  Sobran los ejemplos,  de acuerdo a lo expresado por Pedro Vaca, Director Ejecutivo de la “fundación para la libertad de prensa (FLIP) a   The Associated Press,  el año pasado crecieron las agresiones a la prensa, pues en el año 2018 se registraron 477, “de las cuales hubo 200 amenazas y el asesinato de tres miembros del diario El Comercio de Ecuador”, en contraste en el 2017 se habían registrado 310 agresiones de las cuales 129 fueron amenazas.

 

El llamado a la reflexión, sobre el periodismo y la administración pública, donde se comprenda que se necesitan mutuamente por la democracia y el desarrollo; pero también que la cooptación de uno sobre el otro es el comienzo de un pésimo matrimonio para el departamento y el país.

Por Jacinto Pineda Jiménez, Director grupo de investigación GRIMAP-ESAP

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