10/01/2020

Facetas de Boyacá

Noticias y opinión

Abusos de poder, no es contra los hombres es por las mujeres

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En los últimos días, periodistas con amplio reconocimiento en el país han decidido dejar el silencio y contar sus historias de cómo han sido víctimas de violencia.

Primero fue Johana Fuentes de W Radio, contando cómo Gustavo Rugeles, periodista y su expareja, la golpeó cuando eran novios. Luego fue Claudia Morales, quien en un relato publicado por El Espectador dio a conocer cómo fue abusada sexualmente por un hombre a quien llamó ‘Él’.

Sin embargo, la noticia para muchos no fue que estas mujeres fueran víctimas, sino el espectáculo de Rugeles haciendo trinos descarnados y adivinar quién es ‘Él’.

Las dos situaciones son ejemplo de todo lo que callamos las mujeres, del silencio de nuestros dolores y angustias, del dolor que experimentamos cuando somos maltratadas, de que la violencia no entra solo a casas humildes, sino que está más cerca de la cotidianidad de lo que muchos quieren ver.

Y sí, me incluyo, también he sido víctima, pero no es el espacio para describirlo, es el espacio para decirles a los hombres que cada lucha que damos muchas mujeres a diario es para que no nos maltraten, no nos maten, no abusen de nosotras; no es por un gusto o un espacio mediático, es porque por años hemos sido presas de ‘lobos’ que usando su poder nos reducen.

No nos interesa decir quién nos ha hecho daño, nos interesa buscar justicia y reparación, nos interesa la no repetición; nos interesa la igualdad y la equidad de género en un país que sea libre, que no nos estigmatice y que nos garantice la protección de los derechos humanos, de hombres, mujeres, niñas, niños, de todos y todas.

Nos interesa que no haya más víctimas, porque detrás de cada mujer maltratada, otra está viendo su ejemplo, se está reduciendo y aguantando, porque no quiere terminar muerta, no quiere estar siendo señalada por la prensa como una carnada de señalamientos, no quiere que se burlen de su dolor, que hagan ‘memes’ con él o que especule, como si ya no fuera suficiente haber revivido su dolor.

Nos interesa que si una mujer denuncia, otras también lo hagan, pero no por hacer escándalo sino para que la justicia actúe, escuche y castigue, como en el papel lo dice pero en la práctica se pierde.

¿Qué sería de este país, si realmente se tomaran medidas contra el jefe que aprovecha su poder para manosear, para amenazar, para abusar física y psicológicamente, el mismo que nos saca del trabajo porque quedamos embarazadas (la Ley, es un relato literario bello y discreto, que poco se cumple). Contra el esposo posesivo, proveedor de dinero que ejerce autoridad agresiva sobre su pareja, la toma como un objeto sexual cuando así lo desea, la empuja, la grita, la ultraja, la golpea y la mata. El profesor que obliga a cambiar calificaciones por sexo, el político que usa la mayoría para relegar a las mujeres por verlas de ‘relleno’?

Pero esta lucha, señores, no es en su contra (si ustedes respetan sus derechos y los míos), es por nosotras y con el tiempo también se ha convertido en una lucha por aquellos hombres que son víctimas y que al vivir en esta sociedad patriarcal y machista han tenido que callar para no ser señalados de ‘niñas’, ‘maricas’, débiles, etc. La misma sociedad que también nos maltrata a nosotras.

Acá hablar de los victimarios y hacerlos un escándalo mediático debe ser tan reprochable como el hecho mismo de abuso, requerimos de solidaridad y entidades operantes que reconozcan la Ley y la apliquen con todo el rigor.

Por: Gina Rojas

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