10/16/2020

Facetas de Boyacá

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Campesinos se irán a paro el 21 de octubre para pedir que se supriman las importaciones

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Campesinos, indígenas, comunidades negras, empresarios agrícolas nacionales y trabajadores del sector agropecuario del país llevan 30 años soportando la aplicación, sin tasa ni medida, de políticas de apertura del mercado interno y libre comercio a las importaciones de alimentos y bienes procesados del agro que llevaron, de ser autosuficientes -se importaban 400 mil toneladas en 1990- a depender -para nutrir a la población- de la importación en 2019 de más de 14 millones de toneladas de alimentos que equivalen al 35% de los alimentos que se consumen en el país.

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Con el cambio en la política de producir nuestros alimentos y bienes agrícolas por la de importarlos se afectó, de suyo, la economía campesina, indígena, comunitaria, familiar y también la empresarial. Los cultivos de algodón, sorgo, soya, ajonjolí, trigo, cebada, lenteja, garbanzo y avena se acabaron. Los de maíz común amarillo y blanco se redujeron drásticamente. Están en el mismo proceso los cultivos de papa, arroz, fríjol y cacao y la carne de res, pollo, cerdo y la leche y sus derivados van por el mismo camino.

Incluso, de continuar tan nefasta política, miles de ellos se extinguirán. La situación es tan crítica que se están importando más de un millón de sacos de café y más de 500 mil toneladas de azúcar.

Pero, además, el libre comercio afectó los precios internacionales del café, el azúcar, el cacao y otros bienes agrícolas. Al acabarse los pactos internacionales de cuotas, se llevó a los productores a profundas crisis de precios. Los cafeteros han padecido varias y el azúcar tiene graves dificultades por las importaciones de azúcar, etanol y otros edulcorantes. Eso lleva a profundas crisis a los paneleros. Tan dañina política llevó a que dejaran de sembrarse más de millón y medio de hectáreas, se perdieran varios millones de jornales-año, dejaran de producirse las toneladas de alimentos y bienes del agro que hoy importamos, se abandonará el conocimiento, la técnica y la investigación agrícola y pecuaria, dejarán de construirse distritos de riego y bienes públicos en áreas rurales y se trastocarán muchos elementos requeridos para disponer de un agro próspero.


Se dejó de producir abonos, fertilizantes y otros agro-insumos, silos y demás infraestructura para almacenar alimentos fueron abandonados o privatizados, se acabaron varios procesos agroindustriales y el crédito agropecuario se hizo más escaso y costoso.

El resultado de sustituir la producción agropecuaria nacional es la ruina de decenas de miles de productores, son centenares de miles más los que viven endeudados, con sus tierras embargadas, sin posibilidades de continuar con sus tareas agropecuarias. La pérdida de las tierras de los productores, crece.
También crecen los cultivos de uso ilícito. Arrinconados por la falta de empleo y medios para producir alimentos, miles de campesinos y jornaleros se obligan a sembrar cultivos de uso ilícito para sobrevivir.

Al acabar con cultivos claves para la dieta básica, el país vio crecer plantíos de caña de azúcar, palma aceitera, banano, arboles maderables, dos o tres frutas exóticas y aguacates. Los de pan coger crecieron por doquier y miles de cultivadores de plátano, ñame, ahuyama, yuca y otros van de crisis en crisis. Año a año los colombianos se enteran de las dificultades de uno u otro sector y quienes gobiernan hacen todos los años lo mismo, como si haciendo lo mismo, se fueran a resolver los problemas del agro nacional.

Sin embargo, en medio de esas afugias, campesinos y empresarios nacionales producen casi el 65% de los alimentos que requiere el país. Pero, la paciencia se agota. El trámite de la patente solicitada para producir panela en trapiches industriales, violando la Ley 40 de 1990, los bajos precios para los productos agropecuarios, no poder atender el pago de las deudas con los bancos y el agro comercio, las importaciones de alimentos que se pueden producir en nuestras tierras llenan de indignación a los productores del agro.

La pérdida de la seguridad y la soberanía alimentaria llena de ira y obliga a movilizarnos en defensa de lo que aún nos queda y para recuperar lo perdido.
La violencia, el asesinato y el terror que quiere imponerse en vastas zonas agrarias del país debe parar. La paz debe imperar en los campos. Hacer agricultura o ganadería en esas condiciones es imposible. Quienes luchan y persisten para producir los alimentos deben contar con el respaldo ciudadano. Dignidad
Agropecuaria Colombiana invita a campesinos, indígenas, empresarios agrícolas nacionales y trabajadores del agro a participar del paro, pacífico y democrático, que se hará, en todo el país, el 21 de octubre.

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