Nazarenos, la tradición que el covid se llevó

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El olor a incienso que invadía las calles, la larga fila de creyentes que en silencio seguían el lento pero firme paso de los penitentes por las angostas y frías esquinas de Tunja, son algunos de los recuerdos que nos trae la Semana Santa boyacense. Para creyentes y no creyentes, las procesiones son parte de una historia de la que forman parte los ciudadanos e innumerables generaciones de familias que han luchado por conservar viva una tradición.

La Semana Santa del 2021 al igual que la del 2020, no contará con las emblemáticas procesiones, pero, ¿qué hay detrás de esta tradición tan arraigada en nuestra cultura? Para la Sociedad de Nazarenos de Tunja, más que un evento religioso, es una forma de vida.

“Nuestra historia se remonta a los años 1606 y 1610 cuando el sacerdote Juan de Castellanos llegó a la ciudad de Tunja desde Sevilla España, trayendo consigo la tradición nazarena. En aquellos años las familias más pudientes de la ciudad eran quienes participaban de las primeras procesiones. La Semana Santa se caracterizaba por su solemnidad. Los pasos más importantes eran la Dolorosa, el Señor de la Humildad, el Santo Cristo y el Santo Sepulcro”, cuenta Carlos Hoyos, miembro de la Sociedad de Nazarenos de Tunja.

Con el paso del tiempo no solo las familias adineradas hacían parte de este evento religioso, sino que la comunidad en general también empezó a formar parte de ésta tradición. La clase obrera y el sector estudiantil comenzaron a participar, haciendo de la Semana Santa un evento de todos.

Posteriormente se organizó la comunidad de hermanos Nazarenos en donde se implementaron tradiciones como los pies descalzos, el uso del capirote y los atuendos característicos de los penitentes.

“Yo vengo de una tradición nazarena que viene desde mi bisabuelo, mi abuelo, mi padre hasta llegar a mí, legado que también le he dejado a mi hijo. Ésta herencia es la que ha permitido que la tradición siga viva hasta nuestros días, salvaguardando el patrimonio cultural y religioso por 481 años”, explicó Hoyos.

Con nostalgia los nazarenos recuerdan éstas costumbres que ahora por causa del covid-19 están en el olvido: “No ha sido fácil dejar de lado nuestras tradiciones, ya que nos preparamos todo el año para éstas fechas, sin embargo esta situación nos ha permitido intercambiar experiencias con otras organizaciones de Nazarenos en el mundo y enriquecer nuestra riqueza cultural conociendo a penitentes de España, Francia, Perú, Ecuador y otros países”, añadió.

A pesar de todo, la Comunidad de Nazarenos espera volver pronto a las calles tunjanas con sus pies descalzos, sus rostros cubiertos y sus corazones abiertos.

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