Realidades al interior de una manifestación

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Desde un tv, desde las redes, jamás se va a ver la realidad de las movilizaciones.

Me aproximé a una manifestación, nadie me invitó, con mi hermano menor decidimos ir, pues en el noticiero indicaron que cerca a donde estábamos había una concentración, sentí el deber ciudadano de aproximarme y “hacer bulto”.

En efecto, unas 40 personas apenas hacían un plantón, simplemente parándose, levantando pancartas y haciendo bulla en este lugar, junto, en los 3 carriles donde había tráfico, mas o menos 7 de cada 10 vehículos pintaban en series de 3 “pitazos” para demostrar su apoyo, sin duda, los camioneros con sus cornetas no sólo hacían retumbar las calles sino los corazones de los manifestantes.

Pasaba la tarde y de a grupos de a 3 o 4 personas, desconocidas para las personas que allí estaban, se aproximaban, ya uno contaba más de 100, los pitazos eran constantes, y se mezclaban con los mantras de los Hare Krishna (que con su acordeón se me asemejaban a un conjunto vallenato). Siempre hubo representantes del estado actuando como mediadores, los policías (patrulleros) estaban a unas dos cuadras. Todo marchaba bien, la mayoría de personas sólo gritaban “a parar para avanzar, ¡viva el paro nacional!” y en contexto moteros levantaban su puño en alto mostrando apoyo, algunas personas paraban para regalar gaseosas (gaseosas sin IVA), por las ventanas se veían ondear banderas de Colombia, desde vehículos de toda gama se veía el apoyo, hasta desde un Mercedes convertible se vieron muestras de respaldo vigorozas; en contraste conté 3 vehículos donde en un Renault unas señoras de más de 60 años calculo, mostraban su dedo abajo, tenían pinta de ir a hacer el rosario o venir de ello, un señor canoso con acento de rolo de barrio exclusivo gritaba “no sirven para un culo”, y un señor haciendo “mala cara” mostraba su desaprobación, a lo que manifestantes decían: “como que lleva tiempo sin culear”.

Un par de manifestantes empezaron a poner elementos para ampliar la ocupación de más carriles, sutilmente lo hacían, a mi parecer había poca gente para ampliar el espacio, y fueron este par lo únicos que buscaban ello, acto seguido, patrulleros con escudo empiezan a demarcar la línea permitida para que los manifestantes ocuparan, los 3 carriles de los 6, y vi como la mayoría de personas seguían con sus cánticos, seguían los pitazos; al contrario 3 tipos, y uno con casco que no superaba los 1.50, de mas de 30 años, empezó a insultar a mujeres policías, a desafiar a la autoridad.

Sé de las aberraciones que ha hecho el ESMAD sin ninguna justificación mas que la sevicia que uno ve les han alentado; pero a su vez, este tipo, desde la altura de un puente, y con sus acompañantes, retaba a los policías. Vi claramente que estos pocos, no son valientes por llenarse de insultos a la autoridad, sino cobardes, porque entre una masa de personas se respaldan, masa que noté no tenía los elementos de protección de estos tipos y quedarían irresponsablemente expuestos. No se confundan, traté de verificar lo más que pude a ver si eran policías de civil, porque sé de esa estrategia baja; pero el consumo de alucinógenos, y su forma sincera de actuar me mostró que eran los auténticos oportunistas que buscan a como sea el choque con la policía. El ESMAD se aproximó y vi como eso detonó de inmediato las arengas de todos los manifestantes contra la fuerza pública, al ESMAD no le tienen respeto, el ESMAD simboliza el brazo cruel del estado, y aproximarlos sería una frenta.

Muchachos con escudos se preparaban y cargados de las decenas de muertes y las posibles violaciones a mujeres enardecian sus almas; pero no, un policía que tuvo el mando decidió retirarlos, los manifestantes volvieron a los 3 carriles, y vi como un patrullero con escudo, que estuvo junto a los manifestantes delineando el espacio, daba su puño, como saludando a los muchachos que también portaban escudo y estos, también chocaban los suyos, como en un acto de tolerancia, como el pueblo saludándose. Así como el ESMAD, los patrulleros se retiraron. Hasta ahí todo calma, y sin dudar que cuando cae la noche se comenten las peores canalladas, me retiré con mi hermano menor, habiendo colaborado sirviendo las gaseosas que regalaron, gritando arengas, sosteniendo carteles, y sobre todo siendo sensatos.

Así como exigimos a los buenos policías no permitan los excesos de algunos de sus compañeros y jefes; en nuestras manifestaciones no deberíamos permitir el actuar cobarde de los que se escudan en medio de jóvenes, ancianos, niños y hasta mascotas para, supongo yo, sentir adrenalina y así perder el apoyo de la gente, esa que sacaba sus banderas en las ventanas de sus carros.

Por: Leonardo Camargo – Abogado

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