Mar. Sep 22nd, 2020

Facetas de Boyacá

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TUVE COMPAÑEROS DE COLEGIO “AFEMINADOS”, LA INSTITUCIÓN DONDE ESTUDIABA NO HIZO NADA POR ELLOS.

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Es usual que en las ciudades se pueda uno encontrar de forma evidente personas con orientación sexual distinta a la heterosexual, o con formas de vestir contrarias a lo que su anatomía sexual le indica.
En los pueblos, y particularmente y en menor medida, en los salones de clase de
bachillerato y hasta de primaria, se reconocían de lejos niños más delicados que otros; sea por debilidad física, por actitudes más sumisas, o porque se veían
manías que uno relacionaba directamente con el “normal” comportamiento de las niñas.
En la primaria, la mente de un niño de esa época era básica y desde temprana
edad, era todo muy claro para la mayoría de niños y niñas de mi curso; “las niñas
tienen vagina, los niños tienen pene” decía la profesora que en ese entonces
dictaba por curso todas las materias en primaria, incluyendo la incipiente
educación sexual.
Nunca pasó por nuestra mente, por la mente de los niños “no delicados”, creer que alguno de los niños que sí lo era, o de las niñas que actuaban más como niños
(porque hasta participaban en las “calveteras”, o en los juegos de “rejo quemao”) realmente fueran diferentes en lo normal que para nosotros era el gusto al sexo opuesto.
En el bachillerato las cosas empezaban a cambiar, nuestro pene ya no era el “pipi”
o el “grillo” que decían nuestros padres, se ponía duro y crecía más de lo
acostumbrado; las niñas empezaban a sufrir accidentes, y con sus maletas o sus
sacos cubrían su parte trasera para no mostrar lo que había ocurrido.
Pero nunca uno se preguntaba en sí, con los jóvenes delicados que pasaba,
nunca se pudo corroborar en ese momento si realmente les gustaban los niños, lo único que uno veía era que les gustaba andar con las niñas, que tenían mejor letra y que eran menos “peliones” de lo que uno era.
Pero, ¿qué si era claro?: La discriminación. Era común poner apodos a estos “chinos”, uno les ponía apodos referentes a algo frágil, desde una flor, hasta algún nombre de una actriz juvenil de televisión. Cuando hacíamos eso el profesor o profesora, nunca intervenía, era normal montársela al “marica” del salón, los profesores hacían cómo si nada, y seguro, con esa actitud, nunca llegaron a los pensamientos más sinceros de estos compañeros de clase.

Ahora veo que varios de esos compañeros, de mi curso y otros, abiertamente manifestaron su gusto por personas del mismo sexo, otros no, hasta formaron hogares heterosexuales.
Ahora yo me pregunto, ¿en mi colegio realmente me educaron para entender que no todos somos iguales? ¿Que no todos los delicados son gay? ¿Ni las niñas
fuertes “machos”? ¿Será que mis profesores eran ignorantes en el tema?, ¿o creían que con nuestras burlas los estábamos aconductando para ser
“normales”?. Pido perdón por tantas veces que los hice sentir mal. A la larga me di cuenta que ellos nunca me hicieron daño, pero mi ignorancia sí, y que como humanos seguramente se sintieron mal, como se sentiría cualquier hombre o mujer al ser humillado a pequeñas dosis diariamente sin que nadie hiciera nada.

Por: Leonardo Camargo

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