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La trampa de nuestra propia polarización

Quedan pocas horas para la segunda vuelta presidencial. La suerte está echada. A estas alturas, cada colombiano sabe en su fuero interno por quién va a votar y qué lo motiva a hacerlo.

Siempre que llegan estas fechas, reflexiono sobre nuestra naturaleza apasionada. Aunque queramos convencernos de que decidimos de forma racional, lo que realmente nos mueve son los sentimientos de facción: esa necesidad de bando, de división entre el “bueno” y el “malo”, entre quien tiene la razón y el que está equivocado.

Esta forma de pensar parece estar grabada en nuestros genes desde 1899, cuando estalló la Guerra de los Mil Días. Aquel conflicto bélico entre los dos principales partidos de la época —Liberales y Conservadores, a su vez fragmentados en facciones radicales— se extendió por 1.130 días, dejando horrores y más de 100 mil muertos.

Hoy, 127 años después, ese espíritu de división sigue vivo en nuestra mentalidad. Tendemos a ver el mundo en blanco o negro, convencidos de poseer la verdad absoluta, sin detenernos a mirar fuera de nuestros juicios de valor y conceptos arraigados.

Las redes sociales refuerzan esta conducta. Los algoritmos no solo confirman nuestras creencias previas, sino que exacerban los sesgos cognitivos, fomentan la polarización y crean un peligroso “efecto de anclaje”. Está demostrado que estas dinámicas influyen directamente en nuestras decisiones electorales. Al sumergirnos voluntariamente en esta burbuja, nos volvemos vulnerables: la imagen de nuestro candidato favorito no se construye mediante el análisis de propuestas, sino a partir de prejuicios alimentados constantemente por nuestro propio algoritmo.

Es así como terminamos votando sin haber leído siquiera el programa de gobierno que estamos apoyando, sin cuestionarnos si nuestro criterio es el correcto. Este fenómeno es inquietante, pues nos lleva a sufragar desde la emocionalidad y el rechazo hacia quien piensa distinto, impidiéndonos tomar decisiones informadas.

A estas alturas, seguramente ya sabes qué harás con tu voto. Pero te invito a hacer un alto: pregúntate si conoces realmente las propuestas de tu candidato y las consecuencias de estas; reflexiona si decides desde el odio o desde la racionalidad, y si estás dispuesto a debatir con argumentos o únicamente con memes.

Por: Marbet Moreno

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